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El rol de los espectadores: Sin cómplices no hay Bullying

Para que haya acoso debe haber tres ejes:

  • El hostigador

  • La víctima, consecuencia directa de la acción del hostigador; si hay hostigadores en un grupo, siempre habrá una víctima

  • Los cómplices, imprescindibles para que esta dinámica se produzca.


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Tipos de cómplices:

  • Cómplices silenciosos

  • Los que colaboran hostigando

  • Los que miran y callan por miedo

  • Los que lo ven como un juego, banalizándolo

  • Los indiferentes


Dentro de los cómplices, se distinguen dos subgrupos: activos y pasivos, es decir, aquellos que participan directamente y los que observan, conocen y guardan silencio, formando así un pacto de complicidad que, por lo general, se quiebra cuando la víctima fallece.

 

Además de estas dos categorías, existe un reducido número de personas que denuncian el acoso o defienden a la víctima, mostrando valentía y ganando gradualmente seguidores, lo que les permite cambiar y revertir la dinámica, aunque corren el riesgo de convertirse también en blanco de ataques.

 

Los seguidores del líder suelen ser individuos con una gran necesidad de aceptación en el grupo, fácilmente influenciables y que siguen al líder sin cuestionar. Por lo general, no destacan por sus logros académicos y carecen de rasgos distintivos. Ven en su líder una representación de lo que desearían ser, pero carecen de las habilidades para lograrlo, proyectando su frustración personal en un plano casi irreal. Suelen ser los encargados de ejecutar las órdenes del líder y cargar con las consecuencias, aspirando a ser aceptados como parte del grupo.

 

Es importante destacar que, sin la complicidad tanto activa como pasiva, el bullying no puede existir, por lo que es fundamental trabajar con estos individuos para prevenirlo. Sin embargo, detectar si un hijo está siendo cómplice puede resultar difícil para los padres, ya que los cómplices pasivos guardan silencio y los activos ocultan su participación, aunque muchos de ellos, en el fondo, experimentan sentimientos de culpa al reconocer que sus acciones no son correctas.

 


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Lamentablemente, el hecho de que un niño no se lleve bien con otro, hable mal de él o no lo invite a eventos sociales está tan normalizado que resulta complicado identificarlo como un problema y abordarlo como tal, lo que dificulta su corrección y prevención.

 

También es importante considerar la participación de los docentes como cómplices, ya sea al presenciar el acoso sin intervenir, sumarse a él o justificarlo, a menudo debido a la falta de herramientas para abordar estas situaciones. Se observa un aumento en los casos de violencia de padres hacia docentes y de acoso por parte de alumnos hacia estos últimos.

 

Además, muchos docentes son víctimas de Mobbing o padecen del síndrome del quemado (burnout), lo que afecta su capacidad para intervenir de manera efectiva.

 

En este grupo de cómplices también se incluyen los psicólogos que trabajan para la institución, algunos de los cuales pueden terminar siendo funcionales al bullying. De igual manera, los directores que prefieren evitar conflictos y creen que ignorando el problema pueden resolverlo contribuyen al problema.

 

Para empeorar la situación, algunos profesionales de la salud a los que acuden las víctimas, bajo la influencia de estereotipos y prejuicios, culpabilizan a la víctima y recetan tratamientos con psicofármacos y terapias de desarrollo de habilidades sociales.

 

Los espectadores pasivos juegan un papel crucial en el éxito del agresor al permitir, por su inacción, que continúe el acoso. Su silencio es tan perjudicial como la acción misma. Mahatma Gandhi señalaba que "lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena".

 

El pacto de silencio que mantienen los espectadores pasivos es tan sólido como una muralla humana, que incluso persiste después de la muerte de la víctima. Al no actuar, implícitamente respaldan al agresor, lo que fortalece su poder y popularidad mientras debilita a la víctima.

 

Además, el acoso pierde su atractivo sin un público que lo respalde. Mientras haya personas que se sumen con risas, aplausos o simplemente observando, el bullying seguirá creciendo a nivel mundial.

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